Los errores al usar IA en tu negocio que no dejan vender

Uso inteligencia artificial todos los días para trabajar. Por eso sé lo que pasa cuando se publica lo que sale sin que nadie lo revise, y tus clientes lo notan.

Por Alejandro Cerrato, Software Engineer

Llevas unos meses usando inteligencia artificial para los textos de la web, las publicaciones de las redes y algún correo a clientes. Publicas más que antes y tardas menos. Las ventas siguen igual.

Creo que el fallo suele venir de publicar lo que sale tal cual, sin que lo lea nadie que conozca el negocio.

En resumen

  • Un texto hecho con IA y sin datos tuyos sirve para cualquier empresa de tu sector. No da motivos para elegirte a ti.
  • El cliente nota el tono de plantilla, las fotos generadas y las respuestas que no contestan a lo que preguntó.
  • Una respuesta automática que no resuelve enfada más que un «te contesto mañana».
  • La IA puede escribir datos falsos con el mismo aplomo que los ciertos. Si nadie los revisa, salen con tu nombre.
  • Google acepta los textos hechos con IA y trata como spam generar muchas páginas que no aportan nada.

Por qué tus textos suenan como los de la competencia

Una herramienta de IA escribe a partir de lo que ya hay publicado. Si le pides «un texto para la web de una clínica dental», te devuelve algo muy parecido a la media de todas las webs de clínicas dentales.

Tu competencia le ha pedido lo mismo. Así acaban tres clínicas de la misma ciudad con «un equipo de profesionales comprometidos con tu sonrisa».

La prueba es sencilla. Cambia el nombre de tu empresa por el de un competidor y lee el texto otra vez. Si sigue valiendo, ese texto no le da a nadie un motivo para llamarte a ti.

Lo que vende es lo que la herramienta no sabe: que abres los sábados por la mañana, que das el presupuesto por escrito, que el taller deja coche de sustitución.

Qué nota el cliente

El cliente ve cosas sueltas y saca una conclusión rápida:

  • Frases que podrían estar en cualquier sitio, como «soluciones adaptadas a tus necesidades».
  • Fotos demasiado perfectas, con manos raras, letreros ilegibles o un local que no es el tuyo.
  • Correos que empiezan con «espero que este mensaje te encuentre bien».

Creo que todas le dicen lo mismo: que detrás no hay nadie mirando. Y quien va a apuntar a su hijo a tu academia quiere saber que hay alguien.

Las imágenes son el caso más claro. Una foto de tu taller hecha con el móvil enseña un sitio que existe. Una imagen generada enseña uno que el cliente no va a encontrar cuando llegue.

Respuestas automáticas que no resuelven

Un asistente que contesta al momento en la web o en el correo es una mejora cuando resuelve. El problema llega con la pregunta que se sale del guion.

Una clienta escribe a la tienda porque el pedido llegó roto. Recibe tres párrafos amables sobre la política de devoluciones. Insiste y recibe los mismos párrafos con otras palabras.

Esa clienta venía con un problema y ahora tiene dos. El segundo se lo has creado tú.

Datos inventados que nadie revisó

Estas herramientas generan frases que suenan bien y no comprueban si son ciertas. Pueden inventar un horario, un precio o las características de un producto. Se conocen como «alucinaciones» y las describe, por ejemplo, la documentación de Google Cloud.

En la web de una empresa eso trae consecuencias. Si la página de tu academia dice que el curso incluye el examen oficial y no lo incluye, el alumno te lo va a reclamar, y con razón.

Qué hace Google con el contenido hecho con IA

Google acepta los textos escritos con IA. Su documentación, consultada a 30 de septiembre de 2026, dice que sus sistemas premian el contenido original y de calidad, se haya creado como se haya creado.

La misma documentación pone un límite: generar muchas páginas con IA sin añadir valor para quien las lee puede infringir su política de spam sobre «abuso de contenido a gran escala».

Mi lectura para una pyme: cincuenta artículos hechos en una tarde para salir en el buscador te pueden perjudicar. Uno solo con lo que sabes de tu oficio te ayuda, aunque la IA te haya echado una mano para ordenarlo. Lo demás que mira Google está en la guía sobre cómo subir en Google de forma sencilla.

Lo que suele salir mal

Publicar sin leer. El texto sale en segundos y da pereza repasarlo. Lo que no has leído tú lo leerá un cliente, con sus errores dentro.

Medir por cantidad. Pasar de una publicación a la semana a una al día parece un avance. Si ninguna cuenta nada de tu negocio, has llenado el perfil y sigues sin dar motivos para comprarte.

Poner la IA donde el cliente está enfadado. Una reclamación, un retraso o un cobro mal hecho piden una persona. Ahí la respuesta automática empeora el enfado.

Qué puedes hacer esta semana

  1. Lee la página de inicio de tu web cambiando tu nombre por el de un competidor. Marca las frases que siguen valiendo.
  2. Comprueba uno por uno los precios, las fechas, los nombres y las condiciones de los textos hechos con IA.
  3. Escribe a tu propio asistente como un cliente con un problema raro. Cuenta los mensajes que necesitas para llegar a una persona.
  4. Enseña la web a alguien de fuera del negocio y pregúntale qué fotos le parecen falsas.

Con eso sabrás dónde está el problema. Cómo arreglarlo lo cuento en la guía sobre por qué la IA bien usada es tu mejor aliado.

Cómo te puedo ayudar

Uso IA a diario para programar, y lo que sale de ella pasa por revisión y por pruebas automáticas antes de llegar a nadie. Con ese mismo criterio construyo software en el que la IA hace una tarea concreta, por ejemplo preparar el borrador de una respuesta, y una persona responde del resultado. Si quieres ver cómo trabajo, lo explico paso a paso en el proceso.

Fuentes

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