Cómo elegir programador para tu empresa sin mirar cargos

Creo que el cargo y los años de experiencia dicen poco de lo que un programador sabe hacer. Esto es lo que miraría yo antes de encargarle nada.

Por Alejandro Cerrato, Software Engineer

Tienes que encargar un programa o una web y te llegan tres propuestas. Una viene de una empresa con veinte años en el sector. Otra, de un profesional con un cargo largo en inglés. La tercera, de alguien que te enseña dos cosas que ha hecho.

No eres informático y no puedes juzgar el código. Así que miras lo que sí entiendes: los años, los títulos, el tamaño de la empresa.

Mi opinión es que esas tres cosas son las que menos te dicen. Hay otra manera de elegir y para usarla no hace falta saber programar.

En resumen

  • Creo que el cargo y los años de experiencia informan poco de lo que alguien sabe hacer hoy.
  • Pide ver algo que esté funcionando y que puedas usar tú mismo.
  • Pregunta por una decisión difícil y por un fallo. Quien ha construido algo tiene las dos historias.
  • Pide por escrito qué se va a hacer y qué se queda fuera.
  • Pregunta cómo se prueba lo que te entregan y quién lo mantiene después.

Por qué el cargo y los años dicen poco

Un cargo describe el sitio que alguien ocupó en una empresa y calla lo que hizo allí. Dos personas con el mismo título pueden haber pasado cinco años en trabajos muy distintos: una construyendo un sistema entero y otra cambiando textos en uno que ya existía.

Con los años pasa algo parecido. Diez años de experiencia pueden ser diez años aprendiendo o el mismo año repetido diez veces. El currículum no distingue un caso del otro.

Creo que la inteligencia artificial ha acentuado esto. Hoy una persona sola, con buenas herramientas y criterio, puede sacar adelante trabajo que antes pedía varias manos. Escribir código deprisa ya distingue poco. Mi apuesta es que lo que separa a un buen profesional es saber qué hay que construir, comprobar que funciona y responder cuando falla. De cómo creo que cambiarán los equipos hablo en cómo será el software dentro de diez años.

Mi recorrido va en esa línea. Empecé en 2014 montando servidores de videojuegos para miles de jugadores, años antes de tener ningún cargo. Allí el título daba igual: el servidor aguantaba con todos dentro o se caía.

Qué pedirle que te enseñe

Lo primero, algo que esté funcionando. Una web abierta al público, una aplicación en la que puedas entrar, una demostración con datos de prueba. Las capturas de pantalla y las presentaciones valen poco, porque enseñan cómo se ve algo y callan cómo se comporta.

Úsalo tú. Entra desde el móvil, rellena un formulario mal a propósito, vuelve atrás a mitad de un paso. Si tienes una clínica, intenta pedir cita como lo haría un paciente con prisa. En cinco minutos verás si quien lo hizo pensó en la gente que lo iba a usar.

Pregunta también qué parte hizo esa persona. En los proyectos grandes participa mucha gente y es legítimo haber hecho sólo una parte. Lo que cuenta es que te lo diga claro.

Habrá trabajos que no pueda enseñar por confidencialidad, y es normal. Aun así, algo tiene que poder enseñar.

Cinco preguntas que puedes hacer sin ser técnico

  1. ¿Qué decisión difícil tomaste en este proyecto y qué descartaste? Quien lo construyó recuerda las dudas. Quien sólo lo presenta recita las ventajas.
  2. ¿Qué falló y qué hiciste? Todo lo que funciona ha fallado alguna vez. Desconfía de quien dice que nunca le ha pasado nada.
  3. ¿Cómo pruebas lo que entregas? Busca una respuesta concreta: pruebas automáticas, una copia privada donde tú lo ves antes de que salga, una lista de comprobaciones.
  4. ¿Qué pasa el día después de la entrega? Quién lo mantiene, quién guarda las claves y de quién es el código.
  5. ¿Cómo usas la inteligencia artificial y quién revisa lo que genera? Que la use me parece buena señal. Que nadie revise el resultado me parece mala. Lo explico en por qué la IA bien usada es tu mejor aliado.

No necesitas entender cada palabra de la respuesta. Fíjate en si contesta con casos concretos y en un lenguaje que puedas seguir. Creo que quien domina su oficio sabe explicarlo sin jerga.

De qué señales me fío

Esto es criterio mío, y ninguna señal acierta siempre.

Me fío de

  • Que te diga que no a algo, o que te proponga hacer menos de lo que pedías.
  • Una propuesta por escrito con lo que entra, lo que se queda fuera y cómo se da por terminado.
  • Que te deje probar los avances antes del final.
  • Que algo que hizo hace años siga funcionando.
  • Que pregunte por tu negocio antes de hablar de tecnología.

Me fío poco de

  • Los años de experiencia sin nada que enseñar.
  • Las listas largas de tecnologías y certificados.
  • El tamaño de la empresa. Quien te vende puede ser distinto de quien te lo programa.
  • Un plazo prometido antes de haber preguntado qué necesitas.

Lo que suele salir mal

Elegir por el cargo. El título más largo gana la primera reunión y después no sabes quién hace el trabajo. Pregunta quién va a programar y habla con esa persona.

Comparar presupuestos que dicen cosas distintas. Dos precios sólo se pueden comparar si cubren lo mismo por escrito. Mira si cada uno incluye las pruebas y el mantenimiento.

Quedarse con la demostración guiada. Una demostración enseña el camino que funciona. Pide usarlo tú solo, sin que nadie te lleve la mano.

Qué puedes hacer esta semana

  1. Escribe en media página qué necesitas y para qué. Sin eso nadie puede darte una propuesta seria.
  2. Pide a cada candidato un enlace a algo que funcione y dedícale diez minutos desde tu móvil.
  3. Haz las cinco preguntas, las mismas a todos, y apunta las respuestas.
  4. Pide la propuesta por escrito, con lo que entra y lo que se queda fuera.
  5. Pregunta quién va a hacer el trabajo y quién lo mantendrá después.

Cómo te puedo ayudar

Prefiero que me juzgues por lo que he construido. Puedes ver mi trabajo y ZonaTandas, una plataforma de reservas que he diseñado, programado y puesto en producción. En cómo trabajo está lo que pongo por escrito antes de empezar y cómo pruebo cada avance. Si me escribes, hazme las mismas cinco preguntas.

Cuéntame tu proyecto